Creatividad en el mundo científico

per Fran J. Velasco


La creatividad resulta una herramienta excepcional, pues consigue que sea lo que antes no era, consigue resolver lo que nunca antes se había resuelto. No se trata, por tanto, de actuar conforme a lo aprendido, de repetir un proceso, sino que es justo lo contrario. Si nos limitamos a lo que sabemos que podemos hacer, perderemos de vista lo que podríamos hacer, nos dice la creatividad. Y es que los seres humanos no nos conformamos con el mundo en el que nacemos, imaginamos uno nuevo e intentamos realizarlo.

Creatividad en ciencias aplicadas

Hoy vivimos casi por completo en entornos artificiales, en una “sobrenaturaleza”, como decía Ortega y Gasset, la cual fue creada por la imaginación de los seres humanos que nos precedieron. Pero en el mundo tecnológico la imaginación no trabaja sola: si se quiere acertar con el diseño, se debe atender a lo que es tecnológicamente posible. Las ciencias de diseño (ingeniería, medicina, ciencias de la computación, etc.) son una especie de diálogo: la tecnología le dice a la creatividad lo que puede y no puede hacer, pero después la creatividad realiza su réplica: “bueno, ¿y si lo hacemos así?”; resultando en el proceso una nueva tecnología, que a su vez es un nuevo ingrediente para cocinar nuevas ideas.

Fran J Velasco

En este esquema, el “idear tecnologías” aparece como una expansión, como una abertura, de menos a más: del terrorífico papel en blanco a la lluvia de ideas. El “desarrollar tecnologías”, por el contrario, aparece como una reducción, como un embudo: a modo de filtro, la práctica coloca unas ideas en la papelera y otras en el taller de construcción. Se trata de una especia de trato que tienen que cerrar la imaginación y la práctica, la creatividad y la lógica científica: un acuerdo lógico-creativo. Tras pasar por el filtro de la práctica, se desarrolla finalmente la nueva tecnología, que a su vez servirá para inspirar nuevas ideas, en un ciclo de retroalimentación positiva.

Ortega y Gasset señala nuestra “abundancia de fantasía” respecto a otras especies: gracias a nuestra capacidad de abstraernos del mundo llegamos a crear uno nuevo, cambiando una y otra vez nuestra “sobrenaturaleza”. El filósofo argentino Mario Bunge, sostiene que las tecnologías, ya sean materiales (como los vehículos), sociales (como un plan docente) o conceptuales (como un algoritmo informático), precisan de creatividad, no solo de conocimientos científicos. Muchos otros filósofos de la tecnología han señalado la creatividad como algo fundamental en el proceso de desarrollo tecnológico, así como la otra cara de la moneda: la necesidad de ajustarse a lo físicamente posible.

Herbert A. Simon diferencia las “ciencias naturales”, las que estudian los objetos y fenómenos naturales, de las “ciencias de lo artificial”, que estudian los objetos y procesos creados por el ser humano. Hoy vivimos casi exclusivamente en entornos artificiales, ya sean grandes ciudades o zonas de horticultura. Un campo de trigo, por ejemplo, a pesar de estar ocupado por seres vivos, es también artificial, por lo que no debemos confundir “biológico” con “natural”. Aun así, debemos tener en cuenta que lo artificial, a pesar de estar diseñado para satisfacer nuestros deseos, se halla sujeto también a las leyes naturales: no toda tecnología ideada podrá llevarse a la práctica, debe ceñirse a lo que las leyes físicas permiten.

Por ello, al diseñar una tecnología, debemos tener en cuenta, no solo el fin que queremos alcanzar, sino qué características debe tener el artefacto en consecuencia, en qué entorno será utilizado, qué leyes físicas se verán implicadas en la construcción y utilización del artefacto, etc. Por ejemplo, la efectividad de un picahielos dependerá del material con el que esté hecho, pero también de la dureza del hielo que se desee picar. La herramienta es pues como una interfaz entre el interior de la misma (su composición) y su exterior (el entorno en el que se utiliza). Una herramienta no es buena o mala, sino adecuada o no al propósito para el cual ha sido diseñada: lo importante es la adecuación del interior y el exterior.

Creatividad en ciencias naturales

Las ciencias de lo artificial, las ciencias de diseño, no son las únicas ciencias vinculadas a la creatividad: también las ciencias naturales se sustentan en procesos creativos. El reconocido filósofo de la ciencia Carl G. Hempel observa que el mero hecho de tener una colección de datos no basta para que la teoría aparezca, ha de intervenir la imaginación del científico:

“No hay, por tanto, «reglas de inducción» generalmente aplicables por medio de las cuales se puedan derivar o inferir mecánicamente hipótesis o teorías a partir de los datos empíricos. La transición de los datos a la teoría requiere imaginación creativa. Las teorías científicas no se derivan de los hechos observados, sino que se inventan para dar cuenta de ellos” (En Filosofía de la ciencia natural; p. 33)
Desde este prisma, el acuerdo lógico-creativo que se da en las ciencias de diseño se da también en ciencias naturales.

Fran J Velasco

La lógica nos dice que no toda teoría resistirá las pruebas experimentales, pero, por tratarse también de un proceso creativo, más de una teoría puede surgir para explicar los mismos datos. Cuando se plantea un problema matemático, dos personas distintas darán soluciones idénticas (independientemente del proceso que haya seguido cada una de ellas); en ciencia y tecnología no ocurre así: dos personas distintas darán soluciones distintas al mismo problema. De hecho, una misma persona puede dar soluciones distintas en distintos momentos de su vida, incluso en distintos momentos del día. La ordenada lógica científica, tan eficiente en la predicción, precisa un elemento caótico para ampliar su arsenal de teorías; así ocurre también, de forma más evidente, en el desarrollo tecnológico.

Los experimentos mentales

Por otro lado, tenemos los experimentos mentales, empleados sobre todo en filosofía de la ciencia y en filosofía política, pero también de gran importancia en el devenir histórico de la ciencia práctica, como indica Martin Cohen en su obra Wittgenstein’s Beetle and Other Classic Thought Experiments. Se han empleado desde tiempos remotos, véanse las paradojas de Zenón o las bolas de cañón de diferente peso de Galileo (no las lanzó realmente desde una torre, le bastó con imaginar lo que ocurriría si lo hiciera), y hoy se emplean constantemente en filosofía de la ciencia: por citar algunos ejemplos, tenemos “el cuarto de Mary” de Frank Jackson, “la habitación china” de John Searle o el “Swampman” de Donald Davidson.

Los experimentos mentales plantean una situación imaginaria para extraer ciertas conclusiones y a veces son utilizados como argumento en defensa de una posición filosófica concreta. Como ocurre en las ciencias de diseño y en las ciencias naturales, nos movemos en un terreno en el que la imaginación creativa debe combinarse con la lógica científica. Martin Cohen explica que, para que un experimento mental sea consistente, deben emplearse conocimientos que ya se tienen en un contexto completamente nuevo, en el que aporten nuevos conocimientos. Hay que ser meticuloso si se desea obtener resultados fiables con esta técnica en la que la imaginación creativa se convierte, en palabras de Martin Cohen, en “el laboratorio de la mente”.

Los caracteres arquetípicos de Quijote y Sancho acompañan a los seres humanos desde la prehistoria, uno apuntando hacia arriba y el otro hacia abajo, como Platón y Aristóteles en la famosa pintura de Rafael Sanzio. El impulso soñador y el peso que nos mantiene los pies en la tierra, ambos son importantes en los procesos creativos que transforman el mundo. Estos procesos cambian también la forma que tenemos de entender la realidad y de entendernos en ella. Una especie de baile entre el caos y el orden que tiene lugar en un mundo cambiante, un mundo incierto movido por acuerdos lógico-creativos.

Bibliografía

Cohen, Martin (2005) Wittgenstein’s Beetle and Other Classic Thought Experiments. Hoboken: Blackwell Publishing Limited

Hempel, Carl Gustav (1979) Filosofía de la ciencia natural. Madrid: Alianza. Versión original: (1966) Philosophy of Natural Science. Upper Saddle River: Prentice-Hall.

Diéguez, Antonio (2014) “La acción tecnológica desde la perspectiva orteguiana: el caso del transhumanismo”. En Revista de Estudios Orteguianos Nº 29. ( http://www.ortegaygasset.edu/publicaciones/revista-de-estudios-orteguianos/numero-29-noviembre-de-2014/resumenes-de-articulos/la-accion-tecnologica-desde-la-perspectiva-orteguiana–el-caso-del-transhumanismo—-technological-action-from-ortegas-perspective–the-case-of-transhumanism )

Estany, Anna (2006) Introducción a la filosofía de la ciencia. Bellaterra: Universitat Autònoma de Barcelona Servei de Publicacions

Stanford Encyclopedia of Philosophy. ( https://plato.stanford.edu/ )